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Este es el laberinto más largo del mundo

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Vista desde lo alto del laberinto de la Masone.

Existen muchos laberintos en el mundo, pero ninguno es como el que proyectó el arquitecto Franco Maria Ricci en la localidad italiana de Fontanellato, en la provincia de Parma. No se trata de evaluar sobre la base de criterios estéticos, sino de centrarse en datos reales. El laberinto de la Masone es el más largo del mundo: ocupa ocho hectáreas de superficie y está formado por 200.000 plantas de bambú de entre 30 centímetros y 15 metros.

Lo mejor es aventurarse en su interior y recorrer los tres kilómetros de camino a cielo abierto intentando buscar la vía de salida. No es tan fácil para el visitante llegar al final del trayecto puesto que se enfrenta con más de 20 especies distintas de plantas de bambú. Una característica que aumenta el nivel de dificultad del camino por los numerosos matices de colores de la vegetación.

Ahora bien, no es de extrañar que exista una estrecha relación entre la mitología griega y la idea de Ricci. Ni es una casualidad que antes de poner en marcha la obra, el arquitecto italiano se encontrara con su amigo Jorge Luis Borges, a quien le encantaba reflexionar sobre los enigmas que esconden los laberintos. De hecho, durante una de las charlas que tuvieron los dos artistas, nació el primer embrión del proyecto de la Masone.

“Cuando se levantó su laberinto, que era una prisión, Minos tenía intenciones crueles; yo imaginé un equivalente endulzado, que fuese un jardín donde la gente pudiese pasear, perdiéndose de vez en cuando, sin correr peligros”, escribe Franco Maria Ricci en la página web oficial del Laberinto de la Masone. Y es complicado llevarle la contraria, puesto que más allá de un enigmático jardín, su laberinto ofrece una auténtica experiencia en medio de la naturaleza.

También la idea de utilizar el bambú nace por un hecho curioso. Pero esta vez los griegos no tienen nada que ver. Franco Maria Ricci tenía un pequeño jardín en la parte trasera de su casa y un día un jardinero japonés le aconsejó plantar una arboleda de bambú. “Estuve en Provenza, en la plantación más grande de Europa, en la que había 200 especies distintas de plantas de bambú. Allí compré los que necesitaba para mi jardín y, como me iba enamorando de aquella planta, volví una y otra vez para plantarlas también en mi casa de campo de Fontanellato”, escribe el arquitecto. “Aquella planta me ofrecía la materia prima ideal para construir mi laberinto”.

Más allá de la magia del laberinto, también merece la pena visitar el parque cultural de la Masone para admirar las formas geométricas neoclásicas que caracterizan la arquitectura de los edificios dentro del complejo. En la zona central tienen lugar eventos y muestras relacionadas con el mundo del arte, mientras que en la parte delantera destaca una pirámide donde se celebran pequeños conciertos para un público limitado.

Además, el Laberinto de la Masone dispone de un museo, una colección de obras de arte, biblioteca y varias suites. Todos aquellos que quieren pasar una noche en el corazón del parque pueden alojarse en una de las lujosas habitaciones ubicadas en el centro de la estructura y disfrutar de la belleza de las obras de arte que amueblan las estancias.

Fuente: Arquitectura Viva